STUDIO VISIT: Margarita García Faure
Con este afán de seguir explorando sobre la significación del arte y su práctica, hoy emprendo una nueva aventura. Me interesa investigar las posibles relaciones entre la subjetividad, el arte y su sentido. En mi tesis de psicología entrevisté a numerosos artistas, los cuales luego de la entrevista hicieron experimentos plásticos y experiencias pictóricas, incluyendo sobretodo el relato, entre otras cosas. En ésta exploración de cómo el arte es vivido por ellos, muchos se refieren al arte como una experiencia espiritual; para varios se concibe como un medio de auto-conocimiento y que brinda en casi todos los casos satisfacción, a pesar de que se pudieron observar distintas concepciones acerca de lo que es el arte en sí. También se puede pensar el mismo como un lenguaje, una forma de expresión personal y colectiva, situado en un contexto social, cultural, mundial determinado (además de ser una fuente primaria para el estudio de la historia de la humanidad). También se observó en muchos casos la utilización del arte como un medio de transformación personal, para elaborar dolor en muchas ocasiones, teniendo un fuerte impacto en la vida de los sujetos.
Con la intención de seguir explorando más allá de lo que fue la tesis, me parece interesante ir a visitar a distintos artistas a sus talleres, sumergirme por un rato en sus universos y compartir sus experiencias subjetivas con el arte. Esta vez el marco es distinto: para la tesis eran entrevistas más largas, contenían preguntas diferentes y por supuesto eran privadas, en este caso los artistas me dan su consentimiento previo para compartir esta entrevista en mi página .
En esta primera STUDIO VISIT, me sumergí en el mundo de una artista que personalmente admiro mucho. Ella es Margarita García Faure. Fui a visitarla a su taller que queda en San Cristóbal, Buenos Aires, Argentina.
Margarita G.F. en su taller.
Claire D: ¿Sos artista full-time o tenés también otro trabajo?
Margarita GF: Es una buena pregunta. Si pensara que ser artista full-time es dedicarme full time a mi obra, tendría que decir que no. Ahora, si planteo que todo el trabajo que vos conocés que yo hago, de acompañamiento a otros artistas, forma parte de mi trabajo artístico, te respondería que sí.
Claire D: ¿Qué sentís que comunicas como artista?
Margarita GF: Algo del terreno de la exploración, del animarse a explorar, sobre todo todo en el trabajo que tiene que ver con los territorios y los viajes. El meterse en lugares desconocidos y mirar esos movimientos... Es algo muy cercano a los elementos de la naturaleza, una invitación a mirar realmente el agua, el fuego, la tierra... Y también esta posibilidad de diálogo muy activo con las fuerzas de la naturaleza. No como una cuestión de contemplación, sino de diálogo. Durante estos últimos años hice trabajos donde yo me he metido directamente dentro del río, aquellos son más performáticos y ritualísticos. Ahí hay algo más del trabajo comunitario, de trabajo con otros artistas, de cierto secreto compartido, en donde me meto de verdad en el elemento.
Foto de Margarita García Faure en Antártida.
Foto de Margarita García Faure en México.
Foto de Margarita García Faure en Buenos Aires.
Claire: ¿Qué es lo que te motiva a hacer arte?
Margarita: Para mí es muy natural, yo pinto desde muy chica. Nunca me pareció algo raro o ajeno. Es todo un universo que creo muy interno, tiene que ver mucho con la intimidad, y con dónde encuentro placer. De hecho, para mí es un trabajo llevarlo siempre hacia lo interno porque también el arte te lleva tanto hacia lo externo, hacia el compartir, el mostrar, el seducir a un otro, vender la obra... Tanto económicamente como a nivel más curatorial, siempre uno está sacándolo para afuera, y siento que el trabajo siempre es volver al por qué y desde dónde. Si no no tiene sentido.
Claire: ¿Sobre qué estás trabajando actualmente?
Margarita: Algo que viene de toda la vida, y que el año pasado devino en la evocación al tacto. Específicamente, el tacto más enfocado en las manos. Es una investigación sobre la capacidad humana que tenemos de expandir las percepciones. El año pasado no nos tocamos, pero de otra manera siento que sí.
Jugué mucho con esto todo el año pasado. Hasta dónde llega la percepción, si es que pudiéramos tener una piel diferente, ¿qué pasa si tenemos más pieles? Esa idea es algo con lo que trabajo desde siempre.
Hace muchos años que pienso en la pintura como una piel. Es desde allí que empecé a pensar la pintura como un cuerpo, y que luego me metí en mi propio cuerpo. Algo que me caracteriza es la insistencia. Durante muchos años hice cuadros a los que llenaba de puntitos. Y ahora, en todas estas cerámicas, se abre un juego sobre si entendí de qué va el toque o no. Si no lo entendí, vamos de vuelta y de vuelta. Siento que en esa insistencia voy llegando más a lo profundo, y se van abriendo más percepciones, lo cual me atrae mucho. Realmente sé que podemos más de lo que hacemos. Eso para mí es una certeza. O lo entrenamos, o lo dejamos dormido. Yo prefiero entrenar.
Lo que produzco como obra es mi medicina. Trabajo con ese juego entre lo duro y lo blando, lo frío y lo cálido. Los tactos, los movimientos de las manos, la carne que es muy blanda pero al pasar por el fuego pasa a ser dura. Luego están los videos, ese fue un juego nuevo del año pasado. Es lo más íntimo y más bizarro de mi obra actual. Allí se abrió todo un juego con el erotismo muy fuerte, y es por eso que un día les dije a mis compañeros de grupo “acompáñenme en esta” y pasó a ser muy divertido. Es algo que todavía no sale afuera para nada, así que mientras me puse a explorar mucho con la posibilidad del tacto y la evocación del erotismo. Cómo tocar a otros a partir de una obra. Cómo lograr que alguien pueda sentirse tocado estando dentro de un video. A partir de esta idea empecé a jugar con la posibilidad de tocar a través de la tierra, que es con lo que produzco las piezas de cerámica. Es decir, generar piezas que me acaricien. Y al mismo tiempo una decisión que tomé el año pasado, fue que eso no se volviera únicamente hacia mí. Allí hubo un giro, que fue pensar esta obra para otros. Si voy a que la tierra sea quien vive el erotismo, que no se termine transformando en una cuestión meramente de auto-placer personal en cuarentena. Eso puede ser una parte pero dentro de un montón de otras cosas: del erotismo a la vida. Y también me interesa correrlo en lo posible, de lo meramente humano. Parte de las cosas que fui escribiendo en este tiempo, es sobre la posibilidad de transformarme a mí misma, por ejemplo, en una anfibia.
Claire: Y en el momento que estás creando, o sea en el proceso de creación, ¿sentís algo? ¿Qué sentís?
Margarita: Sí, un montón de cosas. Creo que hay distintas etapas. Hay algo que me pasó siempre, y es que hay momentos donde me transformo en una obrera, cosa que disfruto mucho. Son momentos de no pensar en nada, por esto que te contaba, que siempre produje obras en relación a la insistencia. En la producción de las piezas de cerámica, para que tengan brillo tienen que ser bruñidas: una acción que consiste en pasar sobre la superficie de la pieza una piedrita horas y horas, cuando todavía están sin cocinar. Paso horas pasándole esa piedra para sacarle brillo. Y eso es un trabajo en donde no hay nada que pensar, hay que estar.
Creo que la obra, cuando una la escucha realmente, te lleva a la entrega y al no apuro. El gran trabajo es aprender a escuchar y a acomodarse a sus tiempos, que a veces son más rápidos, a veces son más lentos... nunca sabés.
Y después hay un proceso que tiene que ver más con las palabras que acá escribí en la pared, que sí son los momentos donde una idea se hace carne o de repente se me ocurre una frase al mirar la obra y de pronto todo cobra sentido. Ese es un momento de muchísimo disfrute, que por lo general son instantes, y que obviamente no pasan siempre. Pero son instantes que para mí son “wow”. Por lo general suceden en vínculo con otros. Compartiendo una conversación, por ejemplo. De hecho, el año pasado en pleno encierro, tenía que escribir un texto y lo que hice fue desgravar los audios compartidos con un amigo. Yo había hecho la primera quema de las piezas en la terraza y le había mandado fotos, y luego intercambiamos audios. De repente, me di cuenta que esos audios eran todo. Entre los dos habíamos hilado el sentido.
Claire: ¿Qué es lo que te inspira?
Margarita: Lo que más me inspira es que a través del arte yo siento que siempre pude abrir otros mundos, expandir lo cotidiano y hacer que lo cotidiano más básico de la vida no se vuelva un embole total. Me inspira mucho aprender, conocer lugares, materiales, y gente.
Hace muchos años que venía pintando, y de repente empecé a usar cuestiones más del cine, después me pasé al video, luego de repente empecé a hacer piezas de cerámica y aprendí a cocinar. Me inspira mucho aprender otras maneras de conocerme. Me inspira también conocer gente a partir de la obra, tengo vínculos que me nutren mucho. Crear lo que llamamos la tribu de artistas. Y siento que eso se genera a partir de la obra. No es adelante sino atrás de la obra.
Me inspira también la posibilidad de generar espacios de mucho hacer, espacios de mucha intensidad... Y sobre todo generar puentes de comunicación con la vida. Es decir, crear formas de comunicación con un lugar, con una persona, con una comunidad o con un elemento, utilizando tal vez no la palabra sino objetos. Lo que decía sobre la gente es algo más nuevo en realidad. Si bien siempre me atrajo, en un comienzo mi obra era un diálogo más interno de la pintura con la pintura. Eso me atraía mucho. Después pasó a ser la pintura con el territorio, y de ahí devino el foco en las personas, es decir, en vincular un territorio con las personas. Y creo que eso me llevó a que ahora directamente trabajé con el cuerpo. Fue todo un viaje pero, me parece que el vínculo con lo humano fue más fuerte en los últimos años.
También, hay un elemento de mi vida que es la base y gran parte de la inspiración de mi trabajo: la danza. Yo siempre bailé. Siempre ha sido mi actividad paralela, donde no pongo el peso, ni la exigencia, ni la intención de que sea algo profesional, pero sí una parte importante de mi vida. En los encuentros de danza investigo la piel, el tacto, la sensorialidad, la expansión de la sensación. Todo este trabajo con las manos siento que sale de muchos lugares, pero en gran parte, creo que de mis clases virtuales de danza de los jueves. El año pasado fue muy claro, cuando en plena cuarentena todo el mundo se quejaba y decía "no nos estamos tocando", nosotros hacíamos unas clases de danza increíbles donde yo sentía que sí nos tocábamos. Entonces, ahí me cayó una ficha, y dije: yo tengo que trabajar con esto.
Margarita GF pintando en un viaje en el Amazonas.
Claire: ¿En qué condiciones te gusta realizar tu arte? Sola, acompañada, con música, sin música, etc...
Margarita: Con música, siempre. Suele ser un buen acompañamiento. Puede ser cualquier tipo de música dependiendo del momento o de mi estado de ánimo. Y en relación a lo de sola o acompañada, me gusta alternar. Tengo este taller en casa, como lo ves, y vivo sola hace no tantos años. Durante mucho tiempo compartí taller con otros artistas, y no me atraía para nada la posibilidad que tengo ahora. Para mí producir era tener a alguien al lado, o en el cuarto de al lado que en cualquier momento podía entrar y pedir un mate y opinar. Esa lógica del taller compartido tiene mucho de eso y es muy lindo. Cuando mudé el taller acá, creo que se volvió un trabajo más íntimo, que tal vez era necesario, me gustó. Por ahí vuelve a cambiar, pero llegó un momento en que mi proceso de arte y vida pasaron a estar tanto más entremezclados, que pasaron a ser lo mismo. Es por eso que en un momento decidí que estén físicamente en el mismo lugar, en donde yo tengo mis altares, mis libros, mi vida personal e íntima, y compartir el mismo lugar con quienes vinieran a los talleres.
Creo que si uno se vincula con mucha entrega con el arte, el mismo te va sanando, te va transformando. Tal vez en los años anteriores yo era una persona más cerrada, más acorazada por decirlo de alguna manera, y entonces, me era mucho más facilitado dialogar sólamente con la pintura. No hubiese tenido sentido que yo me fuera a los 20 años a una comunidad Wichí a meterme al río. Por algo no sucedió. Ahora hay una sinergia más interna en donde no hay tantos secretos o barreras.
Y la docencia pasó a formar parte del desarrollo artístico, realmente lo siento así. Me gusta pensar que el arte puede ser un lugar de pensamiento colectivo, de desarrollo humano.
Claire: ¿Creés que tus experiencias vividas en el pasado afectaron o influenciaron de alguna manera tu arte?
Margarita: Yo creo que sí. Hay semillas de la historia pasada que son clarísimas. De hecho, todo el trabajo que hice con los ríos en los rituales de sanación, no sólo tienen que ver con unir el río de la Plata con el Pilcomayo, sino que toda la investigación sobre las aguas marrones tienen claramente que ver con mi nacimiento, yo nací en el 77. He trabajado mucho con mi cuerpo, específicamente desde la osteopatía, con algo que mi osteópata decía que todo era muy blando salvo por un momento en donde había algo que era durísimo, que no se podía ablandar. Hasta que un buen día se ablandó. Y eso tuvo que ver claramente con lo que yo siempre sentí sobre el momento en que yo nací, en el cual por suerte mis padres no desaparecieron, pero podría haber sucedido. El mismo día que yo nací se exilió mi tía cercana con mi primo. Ese mismo día mi madre tuvo una gran angustia por ese motivo. Al mismo tiempo, en el río de la Plata estaban tirando cuerpos todos los días. Entonces, cuando yo hice este ritual, la intención fue entrar al río de la Plata para sanar eso que estaba en mi cuerpo cuando yo nací que claramente lo marcó. Trabajé desde algo que fui investigando, y es aquello que afecta al ser humano cuando este aún no posee lenguaje. Por ende, no es posible sacarlo afuera con lenguaje escrito o hablado. Aquello se imprimió en un momento en donde no tenía acceso a eso. Gran parte de mi trabajo de los últimos años tuvo que ver con eso, hasta que en un momento descubrí que eso ya estaba sanado.
Después, todo el trabajo en el Chaco con su comunidad y el meterme al Pilcomayo y demás, fue como, el nacimiento de una identidad más personal. Es un territorio al cual yo nunca había ido, nunca había escuchado, no sabía ni que existían, no eran parte de mi universo para nada. Un buen día llegué ahí y pasó a ser algo totalmente parte de mis venas y mis huesos. Es algo que jamás hubiese soñado ni pensado, realmente. Fue renacer de otra manera, crear mi propia identidad ya más allá de la historia de la que vengo y venimos muchos. Siempre haciéndome cargo de donde provengo, con qué tengo que trabajar y qué quiero trabajar.
Cuando me fui de viaje a la Antártida, tuve una gran compañera de viaje que es Adriana Lestido, una gran fotógrafa, quien después devino en mi maestra de fotografía. Ella todo el tiempo decía que el arte es limpieza. En ese momento realmente no me resonaba para nada esa frase, por que yo pensaba, si estamos haciendo, produciendo y generando cosas, ¿cómo va a ser limpieza? Estamos poniendo, no sacando. Bueno, después hice varios talleres con ella, y ahí empecé a entender. Hay un sacar capas y capas hasta ver qué aparece. Y eso es infinito. Esa frase para mí es súper clara, y necesitamos verla.
Claire: ¿Si tuvieras que pensar en tres palabras que representen el arte que estás haciendo últimamente, cuales serían?
Margarita: Erotismo, tacto, tierra
Claire: ¿Se te ocurre relacionarlo con algún símbolo de la naturaleza?
Margarita: El erotismo de la tierra, esa ida y vuelta.
Margarita García Faure en su taller en Buenos Aires, Argentina.